miércoles, febrero 21, 2007

Moribundas

De un corte decidido, las tijeras diseccionaron la arteria que le permitía vivir.

Sin remordimientos, cogió la parte que todavía se veía rosada y con vida y la trasladó hasta donde aguardaban, tumbadas, las otras once.

Todas presentaban el mismo aspecto, todas parecían vivas y hermosas, pero él sabía que sólo era un espejismo.

Pronto perderían su belleza y su encanto.

Aún así, el ramo le había quedado precioso

1 comentario:

Pedro.J.Cifuentes dijo...

Bueno Victor, pues como siempre: me alegra leer algo tuyo para variar. A ver si nos animamos mas, tío que tenías este blog con telarañas y todo...