miércoles, noviembre 05, 2014

Tortura

Me siento. Espero unos segundos, hasta sentir que los músculos se rebelan y gritan pidiendo estirarse. Me levanto. Se estiran con un dolor que podría hacer que me desmayara, sino fuera porque estoy acostumbrado a él.
Llevo décadas sitiéndolo, así que he aprendido a dominarlo y a soportarlo sin necesidad de soltar unas lágrimas que incendiarían mis mejillas. Aguanto.
Me siento. Protestan, pero resisto.
Antes de que mis rodillas se bloqueen, me levanto de nuevo. El dolor recorre los gemelos y se detiene en las pantorrillas. Noto como se endurecen. "Subir la bola" le llamaba a esto  mi padre. Algo que sucede mucho en la adolescencia, pero yo hace mucho que dejé atrás esa dorada y amarga etapa de mi vida.
Evito el problema volviéndome a sentar. Parece que aguanto bien y que podré superar esta tortura a la que me están sometiendo. Sé que lo lograré.
Superaré la prueba y demostraré a todo esos salvajes que soy mejor que todos ellos juntos.
Pero se hace tarde, así que casi lo dejo para mañana. Me levanto, me apoyo en la máquina que tengo al lado y voy hacia los vestuarios, intentando disimular que estoy a punto de caerme al suelo.
Mañana igual hago más de cinco sentadillas.
Se van a enterar...

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