miércoles, noviembre 05, 2014

Tortura

Me siento. Espero unos segundos, hasta sentir que los músculos se rebelan y gritan pidiendo estirarse. Me levanto. Se estiran con un dolor que podría hacer que me desmayara, sino fuera porque estoy acostumbrado a él.
Llevo décadas sitiéndolo, así que he aprendido a dominarlo y a soportarlo sin necesidad de soltar unas lágrimas que incendiarían mis mejillas. Aguanto.
Me siento. Protestan, pero resisto.
Antes de que mis rodillas se bloqueen, me levanto de nuevo. El dolor recorre los gemelos y se detiene en las pantorrillas. Noto como se endurecen. "Subir la bola" le llamaba a esto  mi padre. Algo que sucede mucho en la adolescencia, pero yo hace mucho que dejé atrás esa dorada y amarga etapa de mi vida.
Evito el problema volviéndome a sentar. Parece que aguanto bien y que podré superar esta tortura a la que me están sometiendo. Sé que lo lograré.
Superaré la prueba y demostraré a todo esos salvajes que soy mejor que todos ellos juntos.
Pero se hace tarde, así que casi lo dejo para mañana. Me levanto, me apoyo en la máquina que tengo al lado y voy hacia los vestuarios, intentando disimular que estoy a punto de caerme al suelo.
Mañana igual hago más de cinco sentadillas.
Se van a enterar...

viernes, octubre 24, 2014

HOTEL MARLOWE (Capítulo Ocho)


8. El baño

El rastro que llevaba hasta la bañera ya había sido contaminado en parte por mi primera revisión, así que no me molesté demasiado en ser cuidadoso. En ocasiones, hay que ser proactivo para conseguir alguna respuesta que no puede esperar.
Ya me apañaría con Doc cuando viera el estropicio.
Veamos.
La sangre llevaba hasta la bañera. Un largo camino con la chica a cuestas. Mucha sangre. Se ha debido ensuciar mucho.
La sangre de la bañera es muy oscura, densa. Si se trata de sangre mezclada con agua, debería ser más clara. Eso, o hay más de la que esperaba en un primer momento.
Sin embargo, había muchas salpicaduras en las paredes.
El cabrón que había hecho esto no se había cortado. Posiblemente le había golpeado en la cama hasta dejarla sin sentido. Le había cortado en los brazos y el tronco, y luego la había traído hasta aquí para rematarla.
La pobre criatura tenía el cuello cercenado y todavía manaba algo de su líquido vital a través de la espantosa herida que semejaba una segunda boca.
Con cuidado de no dejar más rastros, me fijé en el suelo del baño.
Sí, junto a la bañera había dos huellas. No eran muy visibles, pero se notaba que alguien había estado, con botas, quieto frente a la bañera. Alguien que había aguantado el tipo mientras asesinaba de manera atroz a la pobre muchacha.
Deseché la imagen de mi mente y continué con la inspección.
El inodoro también estaba lleno de sangre. Salpicaduras. Pero también se veían, claramente, marcas de dedos. Como si hubiera limpiado parte del mismo o se hubiera apoyado en él.
Todo el mundo tenemos necesidades. Hasta los asesinos.
Me fijé en los espejos que había en la pared.
A alguien le había parecido una gran idea poner espejos ahí. Los hombres nos emocionamos mucho cuando vemos nuestro reflejo al orinar, desde luego. Era algo que no conseguía imaginar en la cabeza del diseñador o diseñadores del Marlowe.
Siempre creí, en mi fuero interno, que ahí había cámaras.
Existían  modelos que podían estar en los techos o en las paredes y pasar desapercibidas, pero en un lugar como el Marlowe, uno se imagina juegos de espejos falsos y cámaras detrás de ellos.
Y la sorpresa…
Las marcas de dedos manchaban los bordes de los espejos. Alguien los había apartado y vuelto a colocar.
No podía esperar a que llegaran Doc y Ferrán. Tenía que averiguar si habían accedido a la habitación desde ahí.
El espejo no parecía suelto, pero aún así, estaba convencido de que había sido quitado y vuelto a colocar. Mi intuición.
No cedía, pero insistí moviéndolo hacia adelante y atrás, intentando que se moviera de alguna manera. Fue inútil.
Estaba estropeando las posibles pistas que había en el baño, y no conseguía ningún resultado. Doc se enfadaría y haría llegar a Salamanca un informe acerca del asunto, que seguramente me supondría alguna reprimenda. O no, vete a saber. Tampoco es que me importara demasiado. En este trabajo valían los resultados, y por ahora de esos tenía muchos positivos.

Suspiré y volví la vista hacia la pobre chica degollada. ¿Por qué la había matado y dejado en la bañera. Realmente, no tenía sentido. Podía haberla dejado en la cama tranquilamente, porque no pretendía pasar desapercibido, ni limpiar el desastre después. Algo quería decir eso, pero maldito era si sabía qué era exactamente.

viernes, octubre 10, 2014

HOTEL MARLOWE (Capítulo siete)


La muchacha se quitó el ligero vestido que llevaba puesto. Lo hizo con elegancia y sin perder la compostura, cosa que sorprendió a su entrajado acompañante. Su desnudez hizo que él se pusiera más nervioso todavía, y tragó saliva.
Asió con más fuerza el maletín, como si fuera el ancla que le permitiría salir de allí y volver a la carrera huyendo del que estaba en la otra habitación.
Tras catar por primera vez los labios de la chica, había tomado la precaución de cerrar la boca y dejar de respirar en cada beso. El poso quedaba en sus labios, pero evitaba tragar toda la droga que ella le introducía con cada uno de sus apasionados contactos.
— ¿No te gusta lo que ves, corazón? – Su voz, sensual, parecía incrementar el efecto de la droga, así que tomó la determinación de actuar antes de caer bajo su influjo.
— Sí… Er… Sí, claro. Eres… Preciosa. Pero… Déjame que entre en el baño… Ponte cómoda, que vuelvo enseguida.
— Claro, cielo, claro… — Pasó su mano por su mentón, y se fue, contoneando sus caderas, hasta la cama que flotaba en el centro de la habitación.
El entrajado entró en el baño y descubrió un pañuelo de tela, junto a unos arcaicos enseres de afeitado. Hacía años que no utilizaba una de esas cuchillas, pero no podía parar a contemplar las excentricidades del servicio de cortesía del hotel. Cogió el pañuelo y se limpió la boca con brusquedad, buscando eliminar cualquier rastro del psicotrópico.
Se lavó la cara, frotando otra vez los labios y se atrevió a hacer gárgaras.
Fuera, Shantia, miraba la puerta con una sonrisa de satisfacción. Parecía que el tipo llevaba dinero y no parecía muy lanzado, así que tendría que esforzarse un poco más. Cogió el pastillero que llevaba en el cinturón, que descansaba en el suelo, y se embadurnó los labios con un poco más de Ceniza de Sal.
Caería, vaya si caería, el amigo del maletín…
Este seguía en el baño, nervioso. No sabía qué hacer. Pensaba en salir corriendo, abrir la puerta y lanzarse escaleras abajo. Solo era un piso y podría estar en la calle en apenas unos segundos.
Luego volvería sobre sus pasos y se perdería de nuevo entre la gente que ocupaba la zona de juegos. Estaría fuera del alcance de su perseguidor en unos minutos.
Tomó aire, pero notó como le sobrevenía un pequeño mareo.
Obviamente, algo de la droga había entrado en su organismo y con la agitación, estaba actuando de manera más rápida.
Intentó normalizar su respiración, y se apoyó en la pared. Se lavó de nuevo la cara, y buscó un lugar donde sentarse. El inodoro le pareció un buen sitio.





sábado, septiembre 20, 2014

HOTEL MARLOWE (Capítulo seis)


La muchacha se quitó el ligero vestido que llevaba puesto. Lo hizo con elegancia y sin perder la compostura, cosa que sorprendió a su entrajado acompañante. Su desnudez hizo que él se pusiera más nervioso todavía, y tragó saliva.
Asió con más fuerza el maletín, como si fuera el ancla que le permitiría salir de allí y volver a la carrera huyendo del que estaba en la otra habitación.
Tras catar por primera vez los labios de la chica, había tomado la precaución de cerrar la boca y dejar de respirar en cada beso. El poso quedaba en sus labios, pero evitaba tragar toda la droga que ella le introducía con cada uno de sus apasionados contactos.
— ¿No te gusta lo que ves, corazón? – Su voz, sensual, parecía incrementar el efecto de la droga, así que tomó la determinación de actuar antes de caer bajo su influjo.
— Sí… Er… Sí, claro. Eres… Preciosa. Pero… Déjame que entre en el baño… Ponte cómoda, que vuelvo enseguida.
— Claro, cielo, claro… — Pasó su mano por su mentón, y se fue, contoneando sus caderas, hasta la cama que flotaba en el centro de la habitación.
El entrajado entró en el baño y descubrió un pañuelo de tela, junto a unos arcaicos enseres de afeitado. Hacía años que no utilizaba una de esas cuchillas, pero no podía parar a contemplar las excentricidades del servicio de cortesía del hotel. Cogió el pañuelo y se limpió la boca con brusquedad, buscando eliminar cualquier rastro del psicotrópico.
Se lavó la cara, frotando otra vez los labios y se atrevió a hacer gárgaras.
Fuera, Shantia, miraba la puerta con una sonrisa de satisfacción. Parecía que el tipo llevaba dinero y no parecía muy lanzado, así que tendría que esforzarse un poco más. Cogió el pastillero que llevaba en el cinturón, que descansaba en el suelo, y se embadurnó los labios con un poco más de Ceniza de Sal.
Caería, vaya si caería, el amigo del maletín…
Este seguía en el baño, nervioso. No sabía qué hacer. Pensaba en salir corriendo, abrir la puerta y lanzarse escaleras abajo. Solo era un piso y podría estar en la calle en apenas unos segundos.
Luego volvería sobre sus pasos y se perdería de nuevo entre la gente que ocupaba la zona de juegos. Estaría fuera del alcance de su perseguidor en unos minutos.
Tomó aire, pero notó como le sobrevenía un pequeño mareo.
Obviamente, algo de la droga había entrado en su organismo y con la agitación, estaba actuando de manera más rápida.
Intentó normalizar su respiración, y se apoyó en la pared. Se lavó de nuevo la cara, y buscó un lugar donde sentarse. El inodoro le pareció un buen lugar



viernes, septiembre 12, 2014

HOTEL MARLOWE (Capítulo Cinco)


Quba no se sorprendió con lo que se encontró en la habitación 105. No tenía más de 19 años, pero ya había visto más de lo que muchos habrían considerado permisible para mantener la cordura.
Le indiqué con la mano que se mantuviera en un rincón. Lo que necesitaba de ella tenía que esperar hasta que encontrara algo que sabía que no podía estar muy lejos.
Me tumbé en el suelo, justo en el límite de las manchas de sangre, procurando no tocar nada. Lo que buscaba estaba junto a la cama, en el suelo.
Si quería cogerlo, debía pasar sobre la sangre, evitando contaminar las pruebas y hacerlo rápidamente. Yo no podía hacerlo, pero Quba sí. Bastó una señal para que saltara como un resorte, moviéndose como si fuera una brisa, una hoja mecida por el viento. Ligera, rápida. Y llegada el caso, mortal.
En unos segundos, sin saber muy bien cómo lo hizo, depositó el trozo de tela en la bolsa que yo sujetaba.
Lo comprobé a contraluz. Era un trozo de pañuelo de tela. Algo extraño, pero que sabía que estaría por allí. En el Marlowe dejaban uno de cortesía junto a los elementos masculinos. Maquinillas de afeitar y esas cosas. A los dueños les gustaban estos detalles. Daban prestigio al lugar.
Y ayudaban cuando se producían cortes.
Supuse que por mucho cuidado que hubiera tenido el asesino, se habría manchado, aunque fuera un poco. Era lógico que utilizara el pañuelo para limpiarse.
O tuve suerte, que también podría ser.
Esperaba que Doc pudiera conseguir muestras de la epidermis del bestia que hizo esto.
Pero esto no solucionaba el gran problema. ¿Era el asesino que había provocado este estropicio el que había matado a Shantia y a su cliente? Y si lo era… ¿Cómo lo había hecho?
Me arrodillé, de nuevo en el límite de la sangre, y miré a mi alrededor. Había algo que se me escapaba.
Quba se dio cuenta, y se situó, silenciosa, a mi lado. La vi balancear su cabeza, como hacía siempre que se concentraba en algo. Su mano tocó mi brazo, mientras señalaba el reguero de sangre que llevaba hasta el lavabo.
Afiné la vista, pero al principio ni vi nada. Necesité que ella saltara hacia la pared donde señalaba, tocando el suelo apenas con los dedos de los pies y marcando con un gesto el lugar adecuado.
Un borde extremadamente recto marcaba el lugar donde alguien, decididamente ágil y habilidoso, había apoyado su pie para dirigirse hacia el servicio. Alguien que, pese a todo, no podía igualar a mi chica.

Alguien había ido hacia ese lugar, y siendo el que comunicaba con el servicio de la otra habitación, seguro que había pasado por allí.

viernes, septiembre 05, 2014

HOTEL MARLOWE (Capítulo cuatro)


4. La habitación 106

La chica entró delante de él. Le había dejado hacer todos los trámites para conseguir la habitación. Se había mantenido en un segundo plano y no paraba de mirar la puerta, esperando ver esa sombra que le iba siguiendo desde hacía varias horas.
Sabía que estaba en la calle, esperando un error por su parte y poder saltar sobre él. Para llevarse su preciosa carga.
— Vamos, cariño, que te veo nervioso… — Le agarró la mano y lo llevó hasta las escalera.
Subieron hasta el primer piso y se detuvieron en el descansillo. De repente, ella se giró y le lanzó un beso en los labios a su acompañante.
— Uhm… Estás un poco tenso, cariño… — Su mano bajó hasta el pantalón y su cara cambió de repente. – Bueno, nervioso, pero dispuesto…
Él tragó saliva y se dejó llevar. Solo estaba allí para poner espacio entre él y su perseguidor. Nada más.
Un ruido le sobresaltó. Alguien más subía por la escalera, haciendo bastante ruido.
— Venga, estate quietecito, traviesillo… — La risa de la chica que subía corriendo por las escaleras delante de una persona que no llegó a ver.— Vamos, corazón, que primero tenemos que llegar a la habitación, cielo…
El hombre no dijo nada, pero cuando llegó a la altura de la pareja, lanzó una mirada intensa hacia él.
Le había encontrado. No lo había visto nunca. Solo había sentido su presencia, pero sabía que estaba frente a esa presencia que le estaba persiguiendo.
Pero, sorprendentemente, no hizo ningún movimiento hacia él. Después de esa intensa mirada, le ignoró totalmente, siguiendo a la muchacha que llevaba el corto pantalón por debajo de lo que era aconsejable para no mostrar nada de sus glúteos.
Las chicas se saludaron con un rápido movimiento de cabeza, y se ignoraron también.
La pareja se dirigió a la habitación 105, abrió la puerta y entró, precipitadamente, entre las risas de la chica y las manos ávidas de carne de su cliente.
— Esta chica no sabe comportarse – Su compañera ocasional no parecía muy amiga de la otra. Él estaba asustado. Debía irse de allí ya mismo. Su integridad corría peligro y la carga que llevaba…
— Ven, conejito, que te voy a enseñar cositas…
Antes de que pudiera reaccionar, la muchacha le arrastró hasta la habitación 106, mientras sus labios buscaban los suyos y le forzaban, de una manera bastante extraña a seguirla.

Entraron en la habitación, y se permitió un respiro. La chica utilizaba alguna droga en sus labios para tenerlo obnubilado. Ceniza de Sal, seguramente. Un potente psicotrópico que confunde al momento, pero que se diluye enseguida. Quizá por eso su perseguidor estaba confuso. Quizá por eso podría escapar.

viernes, agosto 29, 2014

HOTEL MARLOWE (Capítulo tres)



3. La habitación de al lado

La luz estaba apagada, y no conseguí adivinar nada de lo que podía haber allí dentro. Un olor acre y nada agradable flotaba en el ambiente. Nada bueno.
Busqué a tientas el interruptor, y cuando lo alcancé, mi dedo quedó cubierto de un líquido espeso y medio cuajado.
Sangre, claro.
Accioné la luz y me dispuse a ver algo sumamente desagradable.
Efectivamente, preferí no haber pulsado nunca ese interruptor. La escena que se presentaba ante mis ojos, ya curtidos en escenas tórridas y nada tranquilizadoras, no era la peor que había visto, pero se acercaba bastante a ella.
La cama estaba cubierta de sangre, cuyas salpicaduras alcanzaban la puerta del baño, el techo y parte de la pared junto a la puerta.
No se veía ningún cadáver que hubiera perdido tanto líquido, pero me daba la sensación de que lo vería pronto.
Un reguero de sangre, como si hubieran arrastrado un cuerpo, llegaba hasta la puerta del baño.
¿Otro cadáver decapitado?
A diferencia de Shantia, que no presentaba más herida que el cuello roto y del tipo del maletín, al que le faltaba la cabeza pero no había derramado ni gota de sangre, la pobre chica que estaba tirada de cualquier manera en la bañera había sido desangrada sin piedad.
Flotaba en un charco rojo que parecía que había salido de su cuello desgarrado. Obviamente, no era todo sangre, sino que el asesino había llenado la bañera con agua y la había dejado allí, como si estuviera desfrutando de su último baño.
¿Tres asesinatos en un mismo hotel, más o menos en el mismo periodo de tiempo y en habitaciones contiguas? Me gustaría creer en las casualidades, pero no lo hago.
De todas maneras, por mucho que me esforzara por entender qué había podido ocurrir, no veía ninguna relación entre lo sucedido en ambas habitaciones.
Dejé el cadáver tranquilo, para que lo examinaran después Doc y Felip, y salí a la habitación.
Intenté determinar cómo se habían producido los hechos e intentar adivinar donde encajaba todo esto. Tampoco reconocía a la chica, así que no trabajaba para la Casa de Elba.
No era raro. El Marlowe acogía a chicas de varias Casas, e incluso a las pocas independientes que trabajaban en la zona. Luego intentaría identificarla, pero mi prioridad ahora era determinar qué había ocurrido, quien había cometido estos asesinatos, y evitar que se produjeran más asesinatos.
Me acerqué a la puerta, y busqué un ángulo de visión que me permitiera controlar bien el escenario del crimen.
La habitación era idéntica a la otra, pero invertida. Es decir, estaba distribuida completamente al revés. Los baños de ambas coincidían pared con pared. No sabía qué podría querer decir eso, ya que los dos eran completamente independientes y no comunicaban entre sí. Al menos, que yo supiera.
Salí de la habitación y me dirigí a Narm, que vigilaba la puerta de la habitación donde estaban Doc y Felip. Quba me miraba con cara de saber que algo iba mal.
— Narm, por favor, dile a Doc que en la 105 tiene trabajo también. Otro cuerpo. Y con mucha sangre.
— Vaya, Felip estará contento. – Me contestó con una ligera sonrisa en la boca. Al ayudante de Doc le entusiasmaba la sangre. Seguro que disfrutaría, tras estar revisando una escena en la que no había ni gota.
— Quba, por favor, entra conmigo en la habitación.
La silenciosa mutante sonrió y, sabiendo que iba a encontrar algo interesante, me siguió hasta la puerta de la 105.